La
constitución de una comunidad virtual precisa definir un objetivo explícito,
contar con un grupo de personas que comparten el propósito de desarrollar ese
objetivo mediante intercambios, una metodología de trabajo (que incluye la
posibilidad de la moderación), un espacio virtual organizado y archivos
transparentes y con diferentes grados de organización.
Es
importante disponer de una red y de un flujo de intercambio de información, que
dependen de:
— La
accesibilidad, ya que determina las posibilidades de intercomunicación.
— La
cultura de participación, colaboración y diversidad, como elementos clave para
el flujo de información que condicionan la calidad de vida de la comunidad.
— Las
destrezas disponibles entre los miembros, ya sean comunicativas, de procesamiento
o de gestión de la información.
— El
contenido relevante, es decir, que las aportaciones de los miembros de la comunidad
sean significativas.
Sean
cuales sean los servicios que ofrece una comunidad, los elementos clave para su
funcionamiento son la participación, la colaboración y el intercambio. Sólo de
esta manera se genera un sentido de pertinencia sin el cual es imposible que la
comunidad viva y evolucione.